Muchos negocios en Colombia venden por WhatsApp: el cliente escribe, pregunta, pide y pagan. Funciona hasta que hay veinte conversaciones a la vez, un pedido se pierde entre mensajes y nadie recuerda qué se prometió.
Dónde se pierden los pedidos
El cliente pide en un audio, otro manda una foto de una lista, otro corrige a mitad de conversación. Alguien anota a mano y después hay que confirmar disponibilidad, precio y entrega. Cada paso manual es una oportunidad de error.
Un catálogo en un enlace
En lugar de mandar fotos y listas, envías un enlace a un catálogo con tus productos, referencias y presentaciones. El cliente arma su pedido ahí y lo envía. Tú recibes una lista clara, no un hilo de mensajes.
Pedidos que llegan ordenados
El pedido queda registrado con cliente, productos y cantidades. El sistema valida existencias, aplica el precio que corresponde a ese cliente y le avisa a quien alista. Después, el cliente recibe una confirmación con el estado de su pedido.
Sin perder el trato cercano
La idea no es reemplazar la conversación sino quitarle lo repetitivo. La atención sigue siendo humana para lo que importa (asesorar, negociar, resolver). Lo que se automatiza es copiar, buscar y confirmar.
¿Vendes por WhatsApp y los pedidos se te enredan? Cuéntanos cómo trabajas hoy.
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