En muchos negocios de comercio, buena parte de las ventas se hace a crédito. El problema no es dar crédito sino perder el rastro: quién debe cuánto, desde cuándo y a quién ya se le cobró.
Lo que pasa cuando la cartera vive en cuadernos y Excel
Para saber cuánto debe un cliente hay que revisar facturas, abonos y notas. El seguimiento depende de quién se acuerde de llamar. Y cuando se llama, no siempre se tiene a la mano el detalle que el cliente pide.
Lo mínimo que debe tener un control de cartera
Saldo por cliente, con el detalle de cada factura y cada abono. Edades de la deuda (al día, 30, 60, 90 días). Un cupo de crédito por cliente, que avise antes de vender de más. Y un historial de pagos para decidir a quién dar más plazo.
Estado de cuenta en el celular
El cliente recibe su estado de cuenta por WhatsApp o correo, actualizado, con lo que debe y lo que ya pagó. Eso reduce las preguntas y las discusiones, y a él le facilita ponerse al día.
Recordatorios que se envían solos
Un aviso amable antes del vencimiento y otro cuando se pasa. Quien cobra se dedica a los casos difíciles, no a recordar los fáciles.
¿Tu cartera depende de la memoria de alguien? Hablemos de ordenarla.
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